Por: Mónica Pedraza Rodríguez.
El desempeño de una empresa depende en gran medida del seguimiento periódico que se haga de sus resultados, entendiendo estos últimos tanto a nivel financiero como extra financiero. La medición del rendimiento a todos los niveles permite, entre otras cosas, reasignar los recursos a tiempo y según las necesidades específicas de cada empresa.
Tener un plan estratégico a corto, mediano y largo plazo resulta fundamental para la medición de resultados; viceversa, el control permanente del rendimiento de la organización permite mejorar el plan de crecimiento y ajustar las metas. En efecto, el seguimiento constante de la operación y sus impactos a todo nivel permite una rápida reacción para la reasignación de recursos destinada a limitar las pérdidas o multiplicar las ganancias. Esta monitorización ofrece mayor seguridad para los accionistas, los administradores, los trabajadores y en general todas las partes interesadas de un negocio.
Los indicadores de gestión dependen necesariamente de la actividad de cada sociedad, así como de las metas propias, concretas y específicas, y de los recursos asignados. Por lo mismo, en el plan estratégico de la empresa debe haber una asignación por áreas o departamentos de las funciones y de los objetivos correspondientes. De esta manera, los procedimientos internos de cada sección podrán ajustarse a las metas previstas y, más importante aún, integrar los métodos de evaluación y verificación de resultados.
Existen indicadores financieros y no financieros. Estos últimos por lo general son utilizados para la valoración de actividades cuyos resultados son de difícil medición, por ejemplo, la satisfacción de los clientes, el impacto social de la empresa, el compromiso de los empleados, etc.
Los indicadores más tradicionalmente utilizados son de tipo financiero. Algunos de los más empleados son enunciados en la siguiente tabla:
Como ha sido mencionado, los anteriores son todos indicadores de carácter financiero y hoy en día tienen mayor presencia al momento de medir los resultados en gran parte de las empresas que otros tipos de medición cualitativa que hasta ahora empiezan a tomarse en cuenta. Sin embargo, estos últimos adquieren cada vez más importancia en el mundo de los negocios; se trata de los indicadores ESG que miden el impacto ambiental, social y de gobernanza de las empresas.
Estas nuevas formas de medir resultados incluyen una serie de criterios comparables que se centran en las personas, el planeta, el buen gobierno corporativo y otros elementos no financieros que también importan al momento de medir los resultados de una empresa. La idea general consiste en alinear los informes de gestión y otros informes generales sobre el desempeño, con indicadores ESG para además poder hacer un seguimiento más detallado de las contribuciones de estas empresas a los objetivos de desarrollo sostenible[1].
*Abogada de la Universidad de los Andes, especialista en Derecho de los Negocios Internacionales de la misma Universidad; Máster en relaciones internacionales con enfoque desarrollo sostenible y en Derecho de las organizaciones internacionales de la Universidad Jean Moulin de Lyon. Consultora en temas de Gobierno Corporativo para la Agencia Francesa de Desarrollo.
[1] Para más información sobre los indicadores ESG, lo invitamos a consultar el artículo titulado “Stakeholder Capitalism o
Capitalismo de las partes interesadas[1]
